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sábado, junio 22, 2013

LAS NUEVE CONCIENCIAS

Traducción no oficial, hecha por Angélica Bacquerie, del Capítulo 6 del libro “Unlocking the Misteries of Birth and Dead; Budhism in the Contemporary World” (Desentrañando los Misterios del Nacimiento y la Muerte; el Budismo en el Mundo Contemporáneo), escrito por Daisaku Ikeda.

COMPROBANDO LAS PROFUNDIDADES DE LA VIDA

Cada ser viviente depende para sobrevivir de su habilidad para percibir la naturaleza de lo que le rodea y reaccionar conforme a ello. Por ejemplo, muchas plantas sobreviven al riguroso invierno más que nada porque tienen la habilidad para adaptarse al diferente clima del invierno y el verano; por dar un ejemplo, los árboles de hoja caduca, perderían humedad a través de sus largas hojas en invierno, por lo tanto, se despojan de ellas. Los árboles desde luego no tienen termómetros para consultar, aún así, pueden detectar los cambios de temperatura y actuar conforme a ellos.

     En forma similar, los seres humanos tienen la habilidad para detectar lo que es comestible y lo que no.  Por ejemplo, usted podría ver un tazón con frutas de cera. Sin embargo, por más tentadora que parezca la falsa fruta, usted puede generalmente decir que está hecha de cera con solo verla; si su vista fallara, su sentido del olfato inevitablemente terminaría con el equívoco. Finalmente, si su sentido del olfato y su sentido del tacto fallaran, podría probar una fruta de imitación y, desde luego, al darse cuenta que es de cera, la escupiría. Este es sólo un ejemplo trivial de la forma en la cual la acción de distinguir o percepción es el medio fundamental mediante el cual los seres vivientes se pueden mantener vivos.

     En sánscrito esta habilidad de percepción, comprensión o discernimiento, es llamada vijnana. Generalmente la palabra se traduce como “consciencia”; aunque esta es una traducción razonable, debemos darnos cuenta que, al utilizar el término “consciencia” en este sentido, nos estamos refiriendo a algo más bien distinto a lo que la palabra significa usualmente.

     La función de vijnana fue incluida por el Buda Shakyamuni entre los cinco componentes – forma, percepción, concepción, volición y consciencia – los cuales, todos juntos, conforman un ser viviente. Shakyamuni desarrolló el concepto de los cinco componentes como un medio para analizar la vida de los seres sensibles con relación a su mundo. Cada individuo interactúa en relación con su medio ambiente: asimila la información que requiere de sus alrededores y se ajusta conforme a ella. Esta es, entre las funciones vitales de “consciencia”, la que analizaremos en este capítulo.

El funcionamiento de la Consciencia

La consciencia opera a diferentes niveles. La doctrina budista de las nueve consciencias, desarrollada en las escuelas T’ien-t’ai y Juan-yen de la China del siglo sexto, y a la cual se le dio un nuevo significado en el budismo de Nichiren Daishonin, analiza los varios estratos de consciencia y así aclara todo el espectro de la operación de la vida misma.
     Desde los últimos años del siglo XIX en el mundo occidental se han hecho intentos para explorar los diferentes niveles de la consciencia humana; estos intentos se han manifestado como el desarrollo de las ciencias del psicoanálisis y la psicología profunda. También las ciencias de la neurología y la neurofisiología, en su análisis de la estructura de la corteza cerebral, espacio donde residen nuestras actividades mentales superiores, ha buscado examinar objetiva o inductivamente funciones tales como las sensaciones, las emociones, la comprensión y la memoria con relación con el funcionamiento del cerebro.

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     En contraste, el budismo busca examinar las profundidades de nuestra vida en una forma más intuitiva, deductiva. Aunque la ciencia occidental y el budismo pudieran diferir de alguna forma en sus objetivos y concepciones básicas, sus diferentes métodos – una mediante el análisis objetivo, el otro a través de la investigación subjetiva – se relacionan en que ambos intentan atacar el problema de los estratos discordantes de la vida o conciencia. En este sentido, la teoría budista de las nueve consciencias tiene una importancia comparable y análoga a algunas de las hipótesis de la investigación científica moderna.
     Las primeras cinco de las nueve conciencias corresponden a la noción convencional de los cinco sentidos – vista, oído, olfato, gusto y tacto. Estos nacen como resultado del contacto de los cinco órganos sensoriales – ojos, oídos, nariz, lengua y piel – con los objetos respectivos. Los cinco órganos sensoriales son medios a través de los cuales el mundo exterior se conecta con el interior, y están considerados como elementos del primero de los cinco componentes, la forma, el aspecto físico de la vida.

     Para entender cómo la forma se relaciona con los otros cuatro componentes, usemos una metáfora. Imagínese que va dando un paseo por una angosta calle y que escucha el sonido de un motor. Voltea a su alrededor y ve que se aproxima un camión de carga. La acción de ver, escuchar o percibir cualquier cosa a través de uno o más de los cinco sentidos corresponde al segundo de los cinco componentes; la percepción. Juzgar si es seguro o no dejar que te rebase el camión estando en una calle tan angosta es la función del tercer componente; la concepción. La decisión de hacerse a un lado o de seguir caminando involucra la decisión de actuar basándose en el juicio que usted hizo: esta voluntad de actuar es el cuarto componente: la volición (o voluntad). La consciencia, el quinto de los componentes, puede ser considerada como el componente que integra la percepción, la concepción y la voluntad en relación con la forma – esto es, con los cinco órganos sensoriales y sus objetos respectivos.

     Adicionalmente, cada uno de los órganos sensoriales posee – de acuerdo con el budismo – una conciencia propia. ¿Qué queremos decir exactamente cuando decimos que un órgano sensorial tiene “consciencia”?. Bueno, en términos fisiológicos los órganos sensoriales no pasan al cerebro todo lo que perciben; más bien, seleccionan las cosas importantes y sólo éstas son transmitidas al cerebro. Por ejemplo, cuando caminamos y con respecto a la conciencia de los ojos, nos estamos refiriendo a su capacidad de discernimiento, su capacidad para seleccionar. Digamos que hemos perdido las llaves y estamos buscándolas desesperadamente. Lo usual en este tipo de situaciones, es que se encuentran justo en el centro de la mesa de la sala, pero aún así, no las vemos. Sin embargo, aunque las busquemos como locos, las llaves siguen perdidas porque nuestros ojos “seleccionan” la información que le enviarán al cerebro. Debido a que estamos convencidos de que las llaves no pueden estar en el centro de la mesa de la sala – porque “ya les habríamos visto si ahí estuvieran” – la información que recogen nuestros ojos, de que es ahí exactamente donde están las llaves, no es divulgada a nuestro cerebro.
     Los ojos perciben imágenes, los oídos sonidos, la nariz olores y así respectivamente. La función de la consciencia que integra a estos sensores de entrada para formar imágenes coherentes y distinguir entre los diferentes objetos es la sexta consciencia.



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     O, para enfocarlo desde otro ángulo, podemos ver las primeras seis consciencias como funciones que emergen en respuesta a los fenómenos y al mundo exterior de todos los días.

 Podemos reconocer fácilmente el funcionamiento de las seis consciencias ya que operan en la “superficie externa” de nuestra mente – es decir, en el terreno del consciente. Todas las seis están siempre cambiando en respuesta a su constante interacción con lo que nos rodea, y aún así no existe discontinuidad en su funcionamiento de un momento a otro, por lo tanto es fácil para nosotros caer en la trampa de creer que poseemos un yo incambiable – y quizá hasta que este yo supervisa y controla a las seis consciencias.

 Esta función que produce un sentido de yo permanente es llamada la séptima consciencia, o consciencia mano. La palabra mano se deriva de la palabra sánscrita manas, que significa mente, intelecto o pensamiento, y el nombre de esta consciencia proviene del hecho de que realiza la acción de pensar. Diferente  de la sexta consciencia, que tiene por objeto las diversas circunstancias de la vida diaria y opera en respuesta a ellas; la consciencia mano opera desde dentro, por su propia cuenta y en forma bastante independiente de cualquier circunstancia externa.

Representa el reino del pensamiento abstracto y analiza el mundo interior; por ejemplo, distinguiendo lo falso de lo verdadero. Es gracias al poder de la consciencia mano que distinguimos entre el bien y el mal, que somos capaces de reflexionar sobre nuestro comportamiento, de decidir si algo vale la pena o no, y de decidirnos a mejorar nuestros estándares de conducta. La enseñanza de Sócrates, “conócete a ti mismo” podría haber sido un intento de despertar esta consciencia en sus contemporáneos. Por lo tanto, la consciencia mano puede ser vista como el indicador del funcionamiento del pensamiento de la gente que ya dejó de estar esclavizada a los asuntos inmediatos pero puede ver el funcionamiento de la vida diaria en el mundo con un franco desapego, buscando comprender la verdad que subyace a todas las cosas.

     Otra característica de la consciencia mano es un fuerte apego al yo, de hecho, además del pensamiento abstracto y la reflexión, la función básica de esta consciencia es el apego al propio ego. Por lo tanto, se dice que la consciencia mano está siempre acompañada por cuatro tipos de ilusiones: la ilusión de que el yo es absoluto e incambiable; la ilusión que nos lleva a las teorías que sostienen que el yo es absoluto e incambiable; la ilusión que nos lleva a la vanidad y la ilusión que nos lleva al apego al yo. Por lo tanto, esta consciencia tiene la tendencia de confinarnos dentro del marco de nuestro propio ego y con esto nos induce a la arrogancia y al egoísmo. En suma, mientras la consciencia mano se refiere al escenario de la razón, simultáneamente se considera que está invariablemente manchada por los engaños referentes al yo.
     El apego al yo originado en la séptima consciencia es muy diferente del conocimiento del yo que formamos como resultado del funcionamiento de las primeras seis consciencias. En algún momento entre los siglos tercero y primero antes de Cristo, las escuelas Abidharma del budismo hinayana propagaron la idea de que la sexta consciencia era la base máxima de la vida y que las primeras cinco eran sus funciones específicas. Sin embargo, esta teoría se fue modificando mediante distintas corrientes. Por ejemplo, ya que las funciones de las seis consciencias nacen como respuesta a las circunstancias externas, nos encontramos con el problema de que, entonces dónde radica la continuidad del sujeto que pasa por los ciclos de nacimiento y muerte.



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     Sin embargo en los siglos cuarto o quinto después de Cristo, la escuela Consciencia Única del budismo Majayana resolvió esta dificultad postulando la existencia de la consciencia mano, sosteniendo que operaba bajo el nivel de las seis consciencias. En contraste con las funciones de las primeras seis consciencias, los budistas consideran que las funciones de la consciencia mano no se ven afectadas por los eventos externos. Podemos ver este tipo de cosas en operación cuando una persona, quizá debido a un accidente, queda en estado de coma; a pesar de que la persona se encuentra totalmente inconsciente, aún así sigue respirando y haciendo esfuerzos para mantenerse con vida. Por lo tanto, la consciencia mano representa una consciencia del yo muy profunda e inconsciente.
     Con la consciencia mano nos empezamos a mover a un terreno más allá de la mente consciente. Sin embargo, sería un error pensar que las funciones de la consciencia mano se ubican totalmente dentro del inconsciente. Sus poderes de razonamiento, como los de las seis consciencias, son un fenómeno de la “superficie externa” de la mente, por ejemplo la consciencia. Aún así, podemos ver a la consciencia mano como un tipo de fase transitoria que atraviesa la frontera entre lo consciente y lo inconsciente.

     En occidente el conocimiento sobre el inconsciente ha avanzado hasta cierto punto a través de la ciencia de la psicología profunda. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, postuló el concepto de la inconsciencia individual y desenterró buena evidencia a favor de su teoría de que la represión sexual y la agresividad traen como consecuencia la histeria y otras neurosis. Sin embargo en términos del budismo, la sexualidad, la agresividad y otras tendencias instintivas que se manifiestan a través de la consciencia mano, son definidas como “deseos mundanos”, tales como la avaricia, la ira y la estupidez. Estas tres – los “tres venenos” – son considerados como pasiones ilusas fundamentales las cuales dan lugar a otras que de ellas se derivan, como ya lo hemos visto (páginas 75-78). La ira por ejemplo, da lugar a la indignación, el odio, la aflicción, los celos y la irritabilidad; la avaricia trae como consecuencia la miseria, la arrogancia y el deseo de ocultar nuestros defectos personales; y la estupidez, con la cual nos referimos a la ignorancia de la verdadera naturaleza de la vida, nos lleva a venenos derivados tales como la decepción y la adulación.
     La consciencia mano podría dar lugar a falsas ilusiones, aún así, tiene cualidades positivas; por ejemplo, la buena fe, la cual sienta las bases para la confianza mutua entre los seres humanos; la capacidad de arrepentimiento o la auto-reflexión, además, acelera nuestra conducta para llegar a un nivel más alto de moralidad; también corresponden a esta consciencia mano las facultades intelectuales de concentración, sabiduría, devoción y perseverancia.

El inconsciente
Conforme se ha dicho, la consciencia mano combina las funciones del pensamiento que han roto los confines de la mera reacción a los asuntos inmediatos con un fuerte conocimiento inconsciente del yo. La definición de consciencia mano nos da la clave de hacia donde buscar la continuidad del sujeto que percibe, piensa y más; pero falla en proporcionarnos la solución al problema de cómo el karma, que nos predispone a ciertos patrones de pensamiento y de conducta, se transmite y opera del pasado al presente y hacia el futuro.


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     Ya que la noción de la consciencia mano no puede resolver estos problemas, la escuela “Consciencia Única” propuso que existía un octavo estrato de consciencia, la consciencia alaya, la cual dijeron que se encontraba en un estrato aún más profundo que la consciencia mano. Se cree que es la consciencia alaya la que experimenta el ciclo de nacimiento y muerte. La palabra sánscrita alaya significa vivienda o receptáculo, y la consciencia alaya obtiene su nombre debido a que todas nuestras acciones -–incluyendo los pensamientos, las palabras y los sentimientos, todo aquello que se manifiesta a través de las funciones de la séptima consciencia – se graban momento a momento en el reino inconsciente de la consciencia alaya como energía que tiene el potencial de influenciar el futuro; estas impresiones son llamadas “semillas”, por lo tanto el reino de la consciencia alaya algunas veces se describe como “almacén de consciencia” o como el “depósito de las semillas”. Cuando aquí hablamos de “semillas” pensamos en ellas en forma análoga a una planta que echa ramas y hojas: las semillas en la consciencia alaya representan el karma, o el poder latente de nuestras acciones para producir efectos futuros.
     El karma almacenado en la consciencia alaya tiene un efecto en las funciones de las primeras siete consciencias – podemos ver esto, por ejemplo, en la forma en que factores tales como nuestro país de nacimiento, nuestra lengua nativa, nuestras costumbres sociales, y el conocimiento y la experiencia que adquirimos dan forma a nuestra personalidad. La gente diferente reconoce y responde a las mismas cosas en formas diferentes, dependiendo de los diversos elementos que han conformado su personalidad. Una persona que ha vivido en circunstancias represivas, por ejemplo, puede revelarse ante la restricción más trivial y por lo tanto, ser incapaz de ver la vida con objetividad.
     Nuestra percepción de la realidad está, obviamente, afectada por nuestras experiencias pasadas. Supongamos por ejemplo que usted fue mordido por un perro cuando era niño. Este evento pudo haber sido tan traumático que, aún ahora, se vea afectado por eso al grado que sienta verdadero terror cuando se encuentra hasta con un perrito inofensivo y amigable. La razón le dice que su miedo no tiene bases racionales, aún así el impulso de evitar a los perros surge de las profundidades de su inconsciencia cada vez que ve uno. Este tipo de reacción puede ser rastreado hasta el evento original que usted vivió y el cual quedó grabado en su consciencia alaya. Para entrar a esto con más profundidad, encontramos que en las profundidades de nuestra consciencia alaya se encuentran un cúmulo de experiencias que hemos almacenado durante nuestras vidas anteriores, y que esta acumulación condiciona nuestra existencia presente. Por ejemplo, las diferencias inherentes en la personalidad de cada individuo pueden ser atribuidas a causas kármicas que tienen su origen en vidas pasadas. Así mismo, las causas kármicas pasadas determinan la condición en la que cada uno de nosotros nace. En el Sutra de la Flor de Guirnalda encontramos el siguiente pasaje:

Referente a los diez actos malvados, quienes los cometen con mayor severidad, crean la causa para caer en Infierno, quienes los cometen menos severamente crean la causa para caer en el Hambre y quienes los cometen levemente crean la causa para caer en la Animalidad. De entre los diez, el acto de matar lo lleva a uno a Infierno, Hambre o Animalidad. Si esa persona renaciera en el estado de Tranquilidad (Humanidad), sufriría los dos tipos de retribución. Primero, su vida sería corta y segundo, sería muy enfermizo.

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     El sutra continúa describiendo todos los diferentes sufrimientos que padecerá la gente si comete uno o todos los diez actos malvados – el grado de sufrimiento será determinado por el acto que haya escogido cometer y por la forma en la que lo hubiera hecho.
     Todas nuestras experiencias y acciones tanto en esta vida como en las anteriores, hayan sido buenas o malas o en algún grado intermedio, se acumulan como semillas en la consciencia alaya, y estas semillas predispondrán directamente nuestras acciones futuras. Ya que las semillas kármicas se encuentran solamente en un nivel muy profundo de la vida, no se ven afectadas por el mundo exterior. Aún así, existe una influencia recíproca entre las semillas que se encuentran en la consciencia alaya y los niveles superficiales de consciencia, donde se manifiestan los tres tipos de acciones – pensamientos, palabras y acciones –.
     A diferencia de la consciencia mano, que funciona en el reino del ego individual, la consciencia alaya tiene un aspecto que la vincula con la vida de la demás gente. El karma se forma no solo por las acciones del individuo sino también por las acciones que dicho individuo realiza en asociación con otras personas. El karma creado y experimentado por un grupo de personas, más que por el de un individuo solo, se identifica en el budismo como karma “compartido” o karma “general”. El estudioso del Majayana en la India, Nagarlluna, en sus Comentarios sobre los Diez Estados interpreta esta idea en relación con la existencia sensible y no sensible: “Los seres sensibles nacen por virtud del karma individual, y los seres no sensibles, por virtud del karma compartido.” En otras palabras, la vida de los individuos manifiesta su existencia como consecuencia de sus acciones individuales, mientras que las formas de vida no sensible – tales como las montañas, los ríos y la tierra misma – derivan su existencia del karma compartido.
     Cuando hablamos de “formas de vida no sensibles” estamos, en términos amplios, refiriéndonos al medio ambiente no sensible, el cual incluye no sólo el mundo natural sino también a la cultura social humana. En este contexto podemos decir que el tipo de cultura o país que tiene un pueblo, se deriva directamente de su karma compartido.
     Así la consciencia alaya contiene no solo el karma individual sino también el karma común a nuestra familia, a nuestra raza, y aún a toda la humanidad. Por lo tanto, el reino de la consciencia alaya vincula ampliamente a todos los seres humanos, y en este sentido se puede decir que engloba la noción de “inconsciente colectivo” postulado por C. G. Jung y legada como parte de la ciencia de la psicología profunda. La teoría de Jung consiste en que cada ser humano posee la totalidad de la herencia humana dentro de los recónditos lugares de su propia psique – esto es, que cada uno de nosotros comparte con todos los demás seres humanos una psique común, la inconsciencia colectiva.
     C. S. Hall, uno de los discípulos de Jung, analizó los miedos comunes entre los seres humanos con respecto a las víboras y la obscuridad y llegó a la conclusión de que dichos miedos no podrían ser totalmente explicados en términos de experiencias únicamente de la vida presente; más bien, dijo, las experiencias personales parecen meramente fortalecer y reafirmar los miedos que ya existen dentro de nosotros. Sugirió que los miedos a las serpientes y a la obscuridad son hereditarios – que son un legado de nuestros remotos ancestros – y que esto demuestra que la memoria ancestral de alguna manera es preservada en el profundo estrato de la psique individual humana.

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     Llevando esto un paso más adelante, podría ser que nuestro inconsciente contiene no sólo los recuerdos de nuestros ancestros humanos sino también aquellos de nuestros ancestros pre-humanos. De hecho, podría ser que las huellas de todos y cada uno de los pasos en nuestra evolución pasada, están registradas en el nivel más profundo de nuestra mente individual.
     Sin embargo, el budismo incursiona todavía más en las profundidades de la existencia humana, enseñando que la mente humana comparte un terreno común con todos los fenómenos – en todos esos fenómenos que son manifestaciones de la fuerza vital cósmica global, la cual está personificada tanto en la existencia del mundo sensible como en el insensible. La sabiduría del budismo, por lo tanto, ilumina no solo el inconsciente y la base en común compartida por los seres humanos y todos los demás seres vivientes, sino también la realidad expresada a través e la totalidad de los fenómenos del universo.
     En virtud de que la consciencia alaya mantiene los efectos potenciales de todas nuestras acciones, tanto buenas como malas, no puede describírsele como intrínsecamente buena o mala. Ya que contiene tanto la pureza como la impureza, la consciencia alaya es el reino en el cual los poderes del bien y del mal llevan a cabo una lucha feroz. Por lo tanto, a menos que tanto el bien como el mal que existen en el terreno de la consciencia alaya estén incluidos en una dimensión más profunda, se mantendrán encerrados en una lucha eterna. Esta reserva parece filosóficamente inaceptable, y por ello los budistas de las escuelas T’ien-t’ai y Juan-yen llegaron a postular la existencia de una novena consciencia, la consciencia amala, un nivel de la psique todavía más profundo que el de la consciencia alaya. La palabra sánscrita amala significa pureza, sin mancha o inmaculada, y así la consciencia amala obtiene su nombre debido a que permanece eternamente no contaminada por el karma. La consciencia amala es en sí misma la máxima realidad incambiable de todas las cosas, y por lo tanto es el equivalente a la naturaleza universal del Buda. En este que es el nivel más profundo de la mente, nuestra existencia individual se expande sin límite para llegar a ser una con la vida del cosmos. A la luz del pensamiento budista, debemos considerar la consciencia amala como el “yo superior”, el cual es eterno e inmutable: Despertando y desarrollando  esta consciencia pura y fundamental podemos resolver la incesante disputa entre el bien y el mal representados por la consciencia alaya y al mismo tiempo capacitar a nuestras otras consciencias para que funcionen en forma iluminada.
     Nichiren Daishonin dio una expresión concreta a la consciencia amala – la realidad fundamental de la vida – en la frase Nam-miojo-rengue-kio, y le dio forma física a su iluminación con la vida cósmica original en el Gojonzon, el objeto de devoción, abriendo así un camino donde toda la gente pueda lograr la budeidad, manifestando el yo superior que está latente dentro de cada persona. Cuando veneramos el Gojonzon encontramos que brotan de nosotros la alegría y la determinación, enfrentándonos cara a cara con la realidad de que nuestra existencia  coexiste con la vida eterna del universo. Cuando nos dedicamos y basamos nuestra vida en esta realidad – la consciencia amala – todas las otras ocho consciencias funcionan para expresar el poder y la infinita sabiduría de la naturaleza del Buda.



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     Esto puede ser explicado en términos de lo que el budismo describe como las “cinco clases de sabiduría”. Cuando alcanzamos la consciencia amala, que corresponde a la “sabiduría de la naturaleza Dharma”, la octava consciencia (o consciencia alaya) se manifiesta en sí misma como el “gran espejo redondo de la sabiduría”, que percibe el mundo sin ninguna distorsión, exactamente de la misma forma en que un espejo perfecto refleja todas las imágenes con total veracidad. La consciencia mano – séptima consciencia – se manifiesta a sí misma como la “sabiduría indiscriminada” la cual percibe la naturaleza básica, común a todas las cosas sin ninguna discriminación entre ellas. La adquisición de esta sabiduría nos capacita para superar nuestro ferviente apego al ego. La sexta consciencia se manifiesta como la “sabiduría para penetrar en lo particular”; a través de ella somos capaces de distinguir los aspectos individuales de todos los fenómenos, de tal forma que podemos tomar el adecuado curso de acción en todas y cada una de las situaciones que se nos presenten. Finalmente, las cinco consciencias se expresan a sí mismas como la “sabiduría de la práctica perfecta”: juntas nos capacitan para desarrollar el poder para beneficiar a los demás tanto como a nosotros mismos.


La novena consciencia y la muerte

El concepto de las nueve consciencias analiza los varios estratos de la vida humana y como simultáneamente arroja luz sobre la totalidad de estos estratos, puede con certeza contribuir de alguna forma a la solución de los problemas que actualmente estamos enfrentando, especialmente en los campos de la medicina y la psiquiatría. En años recientes, la gente involucrada en la medicina para la cura de las enfermedades psicosomáticas ha incorporado en sus terapias ideas budistas o estrechamente relacionadas con el budismo. Por ejemplo, el Dr. O. Carl Simonton, radiólogo y oncólogo, utiliza una terapia que se asemeja al concepto budista de la compasión para ayudar a sus pacientes a superar el resentimiento y la mala voluntad. Primero, el Dr. Simonton hace que el paciente se forme una clara imagen mental de la persona hacia la cual siente ese profundo resentimiento; enseguida, le pide a su paciente que visualice a esa persona sucediéndole cosas buenas – por ejemplo, que se imagine a la persona objeto de su resentimiento recibiendo amor o atención o dinero o cualquier cosa que el paciente sienta que es lo que esa persona más quisiera. Con frecuencia, como resultado de esta técnica de visualización los pacientes pueden superar sus propios sentimientos negativos. Shakyamuni, en sus primero años de prédica, enseñó una técnica de meditación en la cual la persona primero generaba pensamientos de compasión hacia sus seres amados y luego extendía éstos a la gente que realmente le disgustaba. De esta forma la persona puede aprender a manejar su ira, una de las mayores fuentes de desilusión y de deseos mundanos.
     Creo que, presentando un punto de vista integrado de la vida y la muerte atravesando el presente, pasado y futuro, el budismo tiene mucho que ofrecer al campo de la ética medica con respecto a tales problemas, en asuntos tales como el de informar a la gente que su enfermedad se encuentra en etapa terminal, en la eutanasia voluntaria, en el trasplante de órganos, en la fertilización in-vitro y en asuntos relacionados con la ingeniería genética.
     Es en relación con esto que debemos hablar sobre las funciones de las nueve consciencias en términos del ciclo de nacimiento y muerte.

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     La consciencia alaya a veces es llamada “la que no desaparece” debido a que las semillas kármicas acumuladas en ella no desaparecen en el momento de la muerte. Nuestra vida individual en la forma de estas ocho consciencias, continúa aún después de la muerte en el estado de ku o latencia, llevando con ella todo nuestro karma. Sin embargo, las primeras siete consciencias, todas las que funcionan activamente mientras estamos vivos, se retiran en el momento de la muerte a un estado latente dentro de la consciencia alaya. Podemos decir que todos los recuerdos, hábitos y karma acumulado en esta consciencia que se fueron registrando en cada momento de nuestra vida, conforman el yo individual o el marco de referencia de la existencia humana que pasa por el ciclo de muerte y renacimiento. Esta consciencia debe considerarse como el reino que entremezcla todas las causas y efectos que comprenden el destino individual de cada persona.
     Mientras estamos vivos aquí en la tierra todas las primeras siete consciencias funcionan apoyadas por el tallo cerebral, el sistema límbico y las estructuras cerebrales superiores. En términos de neurofisiología podríamos quizá asociar la actividad consciente de la consciencia mano con el funcionamiento de lóbulo frontal de la corteza cerebral (o neocorteza). Si por cualquier razón se destruyera la corteza cerebral, perderíamos el medio para manifestar nuestra actividad mental consciente aunque el tallo cerebral fuera capaz de mantener la vida a un nivel mínimo. Una persona que ha perdido la función cerebral no tiene forma de expresar emociones a través de su cuerpo ni de su mente. Todas las emociones – alegría, tristeza, ira, etc. – se sumergen, retirándose del dominio del consciente para encontrar refugio en la inconsciencia. Una persona en estado de coma no puede expresar deseos o emociones, aún así las profundidades de su psique abrigan una gran diversidad de corrientes mentales. Aún cuando todas las funciones conscientes hayan sido interrumpidas, aún existe en las profundidades de la vida el impulso de seguir viviendo.
     El budismo nos dice que, en el momento de la muerte, la vida sufre un cambio de estado manifiesto a estado latente, o del estado sensible al insensible. Existen tres etapas involucradas en este cambio. Primero, las funciones de las cinco consciencias se tornan latentes, pero la sexta consciencia continúa funcionando. En la segunda etapa la sexta consciencia se retira a la latencia, pero la consciencia mano se mantiene activa, manifestándose como un apasionado apego a la existencia temporal. En la tercera etapa la consciencia mano retrocede al estado latente dentro de la consciencia alaya. En los capítulos previos, cuando hablamos de la posesión mutua de los Diez Mundos (véase la página 125), vimos el concepto de tendencia básica de un ser, y este concepto es crucial si queremos entender la experiencia de la vida después de la muerte. Durante la transición a la muerte, de lo sensible a lo insensible, nuestra capacidad para responder a los estímulos externos se vuelve latente y nuestra vida queda fija en el estado que hayamos establecido como nuestra tendencia básica. Por lo tanto, conforme se aproxima la muerte, somos menos y menos capaces de utilizar los medios mundanos para cambiar nuestra condición: en este momento ni la riqueza, ni el poder, ni el estatus social, tampoco el amor de los demás pueden ayudarnos, y aún los grandes pensamientos y filosofías, si las comprendimos sólo superficialmente y fallamos en hacerlas parte de nuestra vida, mostrarán ser totalmente inútiles para nosotros al enfrentarnos a una muerte inminente.


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     Conforme la vida pasa del estado manifiesto al estado latente, perdemos nuestro poder para influir en el medio ambiente o para ser influenciados por él y – así  como el agua pasa del estado líquido al sólido – nuestra tendencia básica se “congela”.
     Por ejemplo, la consciencia alaya de quienes hubieran establecido el estado de Infierno como su tendencia básica, se sumergirá en el momento de su muerte en el estado de Infierno inherente a la vida cósmica y ahí sufrirá futuras agonías. Una persona continuamente gobernada por los deseos en esta vida se sumergirá en el reino del estado de Hambre de la vida cósmica, para ahí atormentarse por todo tipo de frustraciones, y una persona inclinada hacia el estado de Animalidad, cuando su consciencia alaya se sumerja en la vida cósmica, experimentará un estado ininterrumpido de feroz Animalidad.    
     Por el contrario, una persona que ha creado en su vida en la tierra la tendencia básica bien sea de Tranquilidad o Éxtasis será capaz de superar el dolor físico de la muerte y experimentar un sentimiento de regocijo. La gente cuya tendencia básica sea el Aprendizaje o la Absorción disfrutará una profunda satisfacción espiritual y las personas en el estado de Bodisatva (aspiración a la iluminación) conservarán sus sentimientos de compasión y altruismo en la muerte como si aún estuvieran vivos y hasta  podrían ver su propia muerte como una oportunidad para servir de inspiración o para beneficiar a otros. Finalmente, el Estado de Buda, es el manantial de sabiduría, valor y compasión, y una persona que hubiera establecido firmemente este estado de vida, puede someter el miedo a la muerte hasta el punto de ser capaz de utilizarse a sí mismo para dirigir a otros a la iluminación.
     Sin embargo, el valor y la compasión del Bodisatva y del Estado de Buda no pueden fingirse. La muerte exhibe implacablemente la cobardía, aunque nosotros nos hayamos ingeniado totalmente para ocultarla durante toda la vida. Cuando vemos a la muerte directamente a los ojos, es demasiado tarde para arrepentirnos de las cosas que pudimos haber hecho o dejado de hacer. Por lo tanto es esencial que nos esforcemos por vivir cada momento de nuestra vida de la mejor forma posible.
     El budismo habla de tres tipos de sufrimiento; sufrimiento físico, producto del dolor físico; sufrimiento mental, que nace de la destrucción o de tergiversar la felicidad; y sufrimiento fundamental (o existencial), el cual surge de la impermanencia de todos los fenómenos. El miedo a la muerte, problema que la religión inevitablemente debe atacar, es un ejemplo clásico de este tercer tipo de sufrimiento. El budismo está dirigido a liberar a la gente del miedo a la muerte guiándola a comprender la eternidad de la vida. Aquellos que han alcanzado el reino de la novena consciencia pueden enfrentar la muerte con un profundo sentido de alegría y satisfacción, habiendo comprendido la verdadera implicación del nacer y morir en términos del ámbito de la eternidad y por lo tanto con total confianza de su eventual renacimiento. A través de la práctica budista es posible lograr este tipo de actitud.


Las Nueve Consciencias y el Yo Humano

La palabra “yo” o “ser” con frecuencia es usada en un sentido negativo, implicando egoísmo o un comportamiento egocéntrico, pero este uso se refiere solamente a lo que en el budismo se conoce como el yo inferior.


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     Existe además el yo superior – el verdadero ser. Este trasciende al yo inferior y se expande para hacerse uno con el gran océano de la vida cósmica. La totalidad de la filosofía budista se centra en la idea de salir de la prisión del yo inferior para alcanzar el infinitamente amplio yo superior o verdadero ser. La teoría de las nueve consciencias se desarrolló como un medio para ayudarnos a alcanzar esta meta.
     Si hurgamos progresivamente a mayor profundidad en la mente, desde su superficie exterior hasta la psique interna, o desde lo consciente hasta los niveles más profundos del inconsciente, encontramos que el ser ocupa una cantidad progresivamente mayor de espacio de vida. Las primeras seis consciencias, las funciones de la vida diaria de la mente consciente, son aquellas que el ser experimenta solamente en los primeros seis de los Diez Mundos – un ser cuyo espacio subjetivo es tanto superficial como transitorio. En estos estados estamos completamente atrapados en reaccionar a los eventos de la vida diaria; cualquier alegría que podamos experimentar en ellos puede ser destruida fácilmente en una tormenta de impulsos instintivos, deseos, emociones y fuerzas kármicas.
     El Dr. Paul D. Maclean, científico investigador del gobierno de los Estados Unidos y autoridad en el campo de la evolución cerebral y el comportamiento, ha rastreado los impulsos instintivos y las emociones hasta el funcionamiento del cerebro primitivo o paleocorteza, y el cerebro mamalio o arquicorteza. Él explica que la función de la neocorteza es ejercer el control sobre la profusión de estos impulsos instintivos. Yo creo que la práctica budista nos capacita para elevar estos impulsos y desarrollar el poder para alcanzar los mundos más elevados: Aprendizaje, Absorción (Realización), Bodisatva y Budeidad.
     Las funciones de las primeras seis consciencias están confinadas dentro de los límites del yo inferior. En contraste, las funciones de la séptima consciencia, la consciencia mano, nos permiten elevarnos más allá de nuestras reacciones inmediatas a las cambiantes condiciones dentro de los Seis Senderos para ver las cosas objetivamente, descubriendo un nuevo estado de vida en el cual nuestro espacio subjetivo se amplía grandemente. Por lo tanto, puede decirse que las funciones de esta consciencia corresponden a las funciones de pensamiento de la gente que está en los estados de Aprendizaje y Absorción – incluyendo, por ejemplo, el tipo de pensamiento involucrado en el estudio de la creación abstracta y artística; y así estas funciones nos capacitan para  trascender el reino de los pensamientos cotidianos y el relativo poder superficial de discernimiento de la sexta consciencia. Por toda la historia la mayoría de los estudiosos y los artistas han sido gente que ha experimentado el despertar de la consciencia mano: la inteligencia que genera ha sido la fuerza que los lleva a buscar el conocimiento sobre las leyes que rigen a la sociedad, la historia, el universo natural y los diferentes tipos de expresión artística. Sin embargo, el yo que emerge de la séptima consciencia y de los estados de Aprendizaje y Absorción aún no está libre de los impulsos ni de las catástrofes que gobiernan y rodean a una persona dominada por el ego – muy por el contrario; la gente en estos estados corre el riesgo de hacerse arrogante con respecto a sus logros, y fácilmente cae prisionero de la poderosa tendencia del apego al yo desarrollada por esta consciencia.
La octava consciencia, la consciencia alaya,  es un verdadero remolino de karma, bueno y malo. De acuerdo con un sutra budista, “Nosotros los mortales comunes creamos impedimentos kármicos día y noche llegando a  800,004,000  pensamientos”:  ya que no

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sólo nuestros pensamientos sino también nuestras palabras y deseos quedan registrados en este terreno, podemos ver que combina tanto lo bueno como lo malo o iluminación e ilusión – fuerzas opuestas trabadas en eterna lucha. Esta perpetua competencia no puede ser resuelta  mediante los poderes de pensamiento que tienen las personas que viven en los mundos de Aprendizaje y Absorción. En este sentido, el terreno de los Diez Mundos que corresponde a la octava consciencia, es el de Bodisatva, quien combate la maldad que lleva dentro a través de sus esfuerzos para llevar a otros a la iluminación. En otras palabras, Bodisatva es el estado en el cual desarrollamos el poder de la compasión y formamos así el buen karma del altruismo, trabajamos para someter el karma negativo que ha sido gravado en el estrato interno de la vida – esto es, trabajamos hacia la auto re formación. Solamente en el estado de Bodisatva, en el cual rompemos los muros del egoísmo y dedicamos nuestra vida al beneficio de los demás, podemos tener un efecto significativo sobre la consciencia alaya. Aún así, la consciencia alaya nunca puede estar totalmente libre de falsas ilusiones: la pureza total sólo se encuentra en la novena consciencia, la consciencia amala.
     Nichiren Daishonin inscribió el Gojonzon como la personificación de la consciencia amala, o la realidad última. En su escrito “El Verdadero Aspecto del Gojonzon”, establece:

Jamás busque este Gojonzon fuera de usted misma. El Gojonzon existe sólo en la carne mortal de nosotros, las personas comunes que abrazamos el Sutra del Loto e invocamos Nam-miojo-rengue-kio. El cuerpo es el palacio de la novena consciencia, la realidad invariable que reina sobre todas las funciones de la vida[1].

     La consciencia amala, la realidad última, cuya existencia se encuentra en forma potencial dentro de todas las formas de vida, se manifiesta cuando creemos en el Gojonzon y nos dedicamos a cantar Nam-miojo-rengue-kio. El Gojonzon es el objeto de devoción que personifica la consciencia amala, y al abrazar el Gojonzon comprendemos esta realidad dentro de nosotros. Comprendiendo la fuerza vital de la consciencia amala somos libres de usar las funciones de las otras ocho consciencias para mejorar nuestra vida y la de los demás.
     Cuando nuestra vida está enraizada en la consciencia amala, puede manifestar el poder para transformar totalmente el engranaje de las causas y los efectos que conforman la consciencia alaya; esto se debe a que está basada en la iluminación y no en las falsas ilusiones. Igualmente, no podemos ser arrastrados por las funciones de las primeras ocho consciencias. A modo de analogía, un pedazo de madera flotando en un río está a merced de la corriente y pronto será arrastrado, pero aún la más poderosa corriente no puede arrastrar una isla hecha de roca.
     El Daishonin escribe: “Base su corazón en la novena consciencia y su práctica en la sexta consciencia.”[2] Cuando anclamos nuestra existencia en nuestra fe en el Gojonzon y nos dedicamos a la práctica budista en nuestra vida diaria, podemos manifestar infinita sabiduría, poder y compasión y lograr una reforma interior fundamental. De esta forma, podemos establecer una base inamovible para la verdadera felicidad.



[1] Los Principales Escritos de Nichiren Daishonin, Vol. Uno, página 217
[2] Gosho “Sobre el Infierno y la Budeidad”, The Mayor Writtings of Nichiren Daishonin, Vol. 2, pág. 244

jueves, febrero 28, 2013

Once Beneficios de la Práctica Budista (Capítulo Hiyu del Sutra del Loto).

1- Sabiduría: Es la condición de vida que determina como uno deriva valor de sus conocimientos. 2- Comprensión de la eternidad de la vida o la Ley de Causa y Efecto 3- Persistencia y tolerancia 4- Serenidad: Un estado en el cual la mente no divaga y además aprendemos a lidiar con nuestras circunstancias y la disfrutamos por lo que son. 5- Buenos alrededores: Quiere decir que las influencias o personas negativas se evaporan de nuestras vidas. 6- Reconocimiento de la esencia o principio primordial: Que consiste en reconocer la verdad de todos los fenómenos de la vida, desarrollar una correcta visión de la realidad y disminuir el miedo a la muerte. 7- Mejoramiento del temperamento 8- Misericordia 9- Comprensión de la verdad: Este Budismo es una filosofía de la vida práctica, concreta y clara y así nos convertimos en personas con mentes prácticas, concretas y claras. 10- Fuerza de propósito: que es una condición de vida que no puede se derribada ni siquiera por desafíos o dificultades aparentemente imposibles de superar 11-Iluminación: la condición de felicidad absoluta donde cada instante es apreciado y disfrutado. Nota: El mas valioso cambio que se obtiene con esta práctica es el aumento del control que desarrollamos sobre nuestro destino, volviéndonos dueños del mismo y esto nos da la medida de cuanto disfrutamos de la vida. Podemos vencer cualquier obstáculo con la fuerza vital y la sabiduría que emergen dentro de nosotros al entonar: NAM – MYOHO – RENGUE – KYO

jueves, diciembre 20, 2012

Diagrama del Gohonzon.

¿Qué significa cada representación gráfica en el gohonzon?
Cada "tira" o "lista" de caracteres inscrito en el gohonzon tienen su significado bien definido. Una representación gráfica del universo, de nosotros mismos, y de la Ley o Entidad Mística. 



1. Nam-myoho-renge-kyo 
2. Nichiren 
3. Zai gohan -Sello de la firma personal de Nichiren Daishonin. 
4. Dai Bishamon-tenno -Gran Rey Celestial Vaishravana (Sánsc.) también llamado Tamon-ten (Oyente de muchas enseñanzas). 
5. U kuyo sha fuku ka jugo -Quienes hacen ofrendas acumularán tanta buena fortuna que sobrepasará los diez títulos honarables [del Buda]. Nota: En udismo, hacer ofrendas tiene un amplio significado; en este caso quiere decir respetar y alabar. 
6. Namu Anryugyo Bosatsu -Bodhisattva de las prácticas Firmemente Establecidas(Sánscrito. Supratishthitacharitra). Nota: La palabra namu deriva de la palabra sánscrita namas y significa 'devoción' o la fusión perfecta de nuestra propia vida con la verdad eterna.Se añade a ciertos nombres en el Gohonzon como un gesto de gran respeto. 
7. Namu Jyogyo Bosatsu -Bodhisattva de Prácticas Puras (Sánscrito. Vishuddhacharitra). 
8. Namu Shakamuni-butsu -El Buda Shakyamuni. 
9. Namu Taho Nyorai -El Que Así Llega de los Muchos Tesoros. (Sánscrito Prabhutaratna Tathagata). 
10. Namu Jogyo Bosatsu -Bodhisattva de las Prácticas Superiores(Sánscrito. Vishishtacharitra). 
11. Namu Muhengyo Bosatsu -Bodhisattva de las Prácticas Ilimitadas (Sánscrito. Anantacharitra). 
12. Nyaku noran sha zu ha shichibun -Se partiran en siete pedazos las cabezas de aquellos que calumnien y molesten [a los que practican la Ley] 
13. Dai Jikoku-tenno -El Gran Rey Celestial Sostenedor de la Nación (Sánscrito. Dhritarashtra). 
14. Aizen-myo'o -Deidad budista (Sánscrito. Ragaraja). Representa el principio budista de:"Los deseos mundanosson la Iluminación" 
15. Dai Myojo-tenno -El Gran Rey celestial de las Estrellas. 
16. Dai Gattenno -El Gran Rey Celestial de la Luna, o el dios de la luna. 
17. Taishaku-tenno -El Rey Celestial Shakra (también conocido como el Rey Celestial Indra). 
18. Dai Bontenno -El Gran Rey Celestial Brahma. 
19. Dai Rokuten no Mao -El Rey Demonio del Sexto Cielo. 
20. Dai Nittenno -El Gran Rey Celestial del Sol, o el dios del Sol. 
21. Fudo-myo'o -Deidad budista Achala(escrito en sánscrito indio o Sidham). 
22. Hachi Dairyuo -Los Ochos Grandes Reyes Dragones. 
23. Dengyo Daishi -El Gran Maestro Dengyo. 
24. Jurasetsunyo -Las Diez Hijas Demonio (Sánscrito.Rakshasi). 
25. Kishimojin -La Madre de los Hijos Demonio (Sánscrito. Hariti). 
26. Tendai Daishi -El Gran Maestro T'ien-t'ai. 
27. Dai Zojo-tenno -El Gran Rey Celestial del Aumento y Crecimiento (sánscrito.Virudhaka). 
28. Hachiman Dai Bosatsu -El Gran BodhisattvaHachiman. 
29. Kore o shosha shi tatematsuru -Respetuosamente mente transcribo esto. 
30. Nichikan ,El Sello de la firma personal del sumo prelado que transcribió este Gohonzon, en este caso Nichikan. 
31. Tensho-daijin -La diosa del Sol 
32. Butsumetsugo ni-sen ni-hyaku san-ju yo nen no aida ichienbudai no uchi mizou no daimandara nari -En los 2,230 años desde que el buda falleció nunca ha aparecido en el mundo este gran mandala. 
33. Dai Komoku-tenno -El Gran Rey Celestial Cándido. (Sánscrito. Virupaksha). 
34. Kyoho go-nen roku-gatsu jusan-nichi -El décimo tercer día del sexto mes en el quinto año de Kyoho [1720]. 

sábado, agosto 02, 2008

Conceptos Budistas 2

ANEXO tomado de un estudio sobre ICHINEN SANZEN de Obdalis Cabrera y Luis Alberto del Alcazar. (Con su permiso compañeros de fe de SGIV).

Saludos y agradecimientos a Luchito, Luisa Montiel, Marcos, y demas compañeros de SGIV.

Estudio sobre Ichinen Sanzen

Para el inicio del estudio del Gosho La Verdadera Entidad de la Vida

6 de junio de 2004.

Por: Obdalis Cabrera (Resp. Nacional de la DJF) y

Luis Alberto Del Alcázar (Asist. Nacional de la DJM).


Algunas impresiones preliminares:


  • Debemos asumir la responsabilidad de transmitir correctamente la doctrina del Budismo de Nichiren Daishonin, apegándonos a lo que dice el Gosho y la orientación de Sensei, como las dos herramientas que transmiten la esencia del Budismo de Nichiren. Con esto queremos enfatizar lo dañino que es asumir opiniones personales por encima de las dos figuras anteriores, que pueden ocasionar distorsiones en la fe y práctica de quienes nos escuchan. Es por esto, que todo lo que se transmite en este estudio, son extractos de las explicaciones de Sensei aparecidas en los materiales usados para este estudio. Por otro lado, los comentarios adicionales (identificado como “NOTAS”) también se basan en orientaciones de Sensei.


  • Antes de estudiar el texto del Gosho del Daishonin (La Verdadera Entidad de la Vida), se decidió comenzar por la explicación de Ichinen Sanzen con el objetivo de facilitar la comprensión del texto del Gosho.


  • Para estudiar el término Ichinen Sanzen se recomienda realizar más de una reunión a nivel de Jan. Para los Responsables se dedicó sólo una reunión debido a la presunción del manejo de la teoría básica tanto de los Diez Estados, los Diez Factores como de los Tres Principios de Individualización. Como dichos conceptos pueden ser escuchados por primera vez por quienes asisten a nuestros janes, creemos que se debe tomar todo el tiempo que sea necesario para asegurarnos de transmitir el mensaje más apegado a la teoría del Daishonin.


  • Resulta imprescindible realizar un esfuerzo conciente por trascender los conceptos occidentales que se refieren al bien y el mal por un lado; por el otro a los conceptos sobre el tiempo y espacio. Para los primeros, se toma como referencia el diálogo de Sensei en las Conversaciones sobre el Sutra del Loto – La sabiduría del Sutra del Loto: Diálogo sobre la religión en el siglo XXI (a ser compartida a través de LineaAbierta), donde plantea la necesidad de comprender que tanto el bien como el mal pertenecen a la vida en su esencia y que la presencia de uno hace inevitable la presencia del otro. Al final, el que se manifieste el mal hace posible la manifestación del bien; esto hace que el mal pase a ser “el bien” en última instancia.

Con respecto al concepto de tiempo y espacio, se exponen interpretaciones basadas en los conceptos usados por Sensei en su libro La Vida: un Enigma (en este texto aparecerá la abreviación LVE).


  • Todos los textos que aparecen en las láminas de la presentación en PowerPoint, son extraídos de la explicación de Sensei del libro La Vida: un Enigma. Además, se usó igualmente la explicación que aparece en la serie Conversaciones sobre el Sutra del Loto – La sabiduría del Sutra del Loto: Diálogo sobre la religión en el siglo XXI; este último material está disponible para todos a través de nuestra LíneaAbierta, al igual que el texto completo del Gosho y, próximamente, la explicación del Gosho del presidente Ikeda.


El tiempo y el espacio

Basado en la explicación de Sensei en La Vida: Un Enigma.


Los conceptos occidentales nos obligan a concebir el tiempo desde un punto de vista lineal, de manera que lo pasado ya no puede ser transformado y lo futuro es incierto. El Budismo plantea que tanto el pasado como el futuro se encuentran en el presente, por ello da principal importancia a las acciones del presente, que transforman los efectos de causas pasadas y crean los efectos futuros. Desde esta perspectiva, nuestra energía vital trasciende el tiempo lineal y pasa tomar el control absoluto sobre los resultados de nuestras acciones.


La teoría de los tres mil estados en un solo instante no puede comprenderse con nuestro acostumbrado concepto del espacio, que nos impide comprender cómo caben 3.000 posibilidades en cada instante de vida. Por otro lado, hemos aprendido a concebir que lo que no se ve, lo que no se siente, no existe.


El budismo plantea la teoría de la vida en estado “latente” (no manifiesto). Esto obliga a la aceptación de la presencia de los 10 estados en su totalidad aunque sólo manifestemos uno a la vez. El resto de los estados se mantienen en “latencia” (Ku) esperando ser activados por nuestra vida para pasar a su condición “manifiesta”.


El bien y el mal

Tomado de la Conversaciones sobre el Sutra del Loto – La sabiduría del Sutra del Loto: Diálogo sobre la religión en el siglo XXI – entrega N° 19 (Libro VI)


Presidente Ikeda: La doctrina de la posesión mutua de los Diez Estados indica que el mal existe aun dentro de la vida del Buda, y que la naturaleza de la Budeidad existe aun dentro de la vida de la gente mala.


Endo: En cierta forma, es fácil pensar en términos rígidos y concluir que el Buda es la antítesis del mal, es decir, alguien que erradicó totalmente de su vida la maldad. Pero las personas de carne y hueso tienen una naturaleza que, en parte, está inclinada al mal. Por ende, si un Buda estuviese libre de todo mal, sería un ser abstracto, un mito, y eso tornaría imposible para cualquier ser humano común la esperanza de manifestar la iluminación.


Saito: Hay diversas formas de mirar la relación entre el bien y el mal. Una es como si fueran dos cosas fijas, que se hallan en oposición. Es la perspectiva que predomina en las enseñanzas anteriores al Sutra del Loto. Otra noción entiende que el bien y el mal son dos aspectos diferentes de una misma entidad, como dos caras de una moneda.


Presidente Ikeda: Podríamos inferir que la inseparabilidad entre el bien y el mal corresponde a esta última idea, pero no es así. Porque, en ese caso, el bien y el mal serían sólo dos diferencias en cuanto a la perspectiva, y la vida sería, en sí, algo estático e inmodificable. Desde ese punto de vista, sería imposible capturar el dinamismo y el cambio incesante que constituyen el verdadero aspecto de la vida.


Hay que reconocer que la entidad de vida es esencialmente una, y que esta entidad produce, a veces, valor positivo y, a veces, negativo. Este es el verdadero significado.

Ichinen

U

n instante de vida, o la mente en un instante. T’ien-t’ai lo interpreta filosóficamente en su doctrina de Ichinen Sanzen como la mente de la persona común, la cual en todo momento esta dotada con el potencial de tres mil estados (mundos, condiciones, reinos, etc.; sus características son:

a) se extiende al universo entero;

b) incluye cuerpo y mente;

c) incluye el individuo y su entorno:

d) transciende el bien y el mal; y

e) abarca causa y efecto simultáneamente.


Ichinen Sanzen

También, principio de un instante de vida que comprende tres mil estados. Un instante de vida (Ichinen) también es traducido como una mente, un pensamiento o un pensamiento en un instante. Un sistema filosófico establecido por T’ien-t’ai (538-597) En su tratado Gran Concentración y Introspección (Makka Chikan) basándose en la frase “El verdadero aspecto de todos los fenómenos” que aparece en el segundo capítulo de Sutra del Loto titulado “Medios Hábiles”. Los tres mil estados o el mundo fenoménico en su totalidad existen en un instante de la vida. El número 3.000, provienen del siguiente cálculo: 10 (estados) x 10 (estados) x 10 (factores) x 3 (principios de individualización). La vida en cualquier momento manifiesta uno de los diez estados. Cada uno de estos estados posee el potencial de todos los 10 contenido en sí mismo y esta “posesión mutua” o inclusión mutua de los 10 estados es representada como 102 o 100 posibles estados. Cada uno de estos 100 estados posee 10 factores, haciendo 1.000 factores o condiciones y estos operan dentro de cada uno de los tres principios de individualización, lo que hace 3.000 estados.


(Traducción libre del “Diccionario de Budismo de la Soka Gakkai”)




Los Diez Estados

A

manera de unificar la forma en que los identificamos, estamos usando el término “estado”. En otras publicaciones encontraremos “mundos”, “condiciones”, “reinos”, etc.


“Quien estudie los Diez Estados descubrirá que cada uno […] es universal. Por otra parte, los estados no se superponen al punto de que se los pueda combinar.” Nichiren Daishonin.

Más detalle en “La Vida: un enigma (LVE)” – pág. 118.



Infierno

El infierno es en resumen, la condición de estar aplastado por el tormento e imposibilitado de hacer nada por remediarlo. En tal estado, por más que la vida siga, no puede ser plena.


NOTAS:

  • La frustración, la depresión, la agonía, son características del estado de Infierno.



Hambre

Puesto que los deseos son necesarios para preservar la vida humana, en este sentido resultan benéficos. Pero procurar la satisfacción de los deseos, sin metas más altas, es convertirse en esclavo de ellos; esto puede llevar a la desgracia, para nosotros mismos y para otros. En esto radica la verdadera naturaleza del estado de Hambre.


NOTAS:

  • Además de los deseos básicos para sustentar la vida, se incluyen todos los deseos: dinero, sexo, poder, trabajo, bienes,



Animalidad

“La estupidez es el mundo de animalidad”.

“Las bestias son crueles y se matan mutuamente.” (Carta a Niike)

“Está en la naturaleza de las bestias amenazar al débil y temer al fuerte.” (Carta desde Sado).

Nichiren Daishonin.


NOTAS:

  • Aliarse a otros, que consideramos con más poder, es animalidad.


Tres Senderos del Mal

En Infierno, Hambre y Animalidad el yo se encuentra bajo el dominio de un tormento inevitable, del deseo u otras emociones o factores que no dependen de la volición.


NOTAS:

  • Nuestra “volutad” es superada por los instintos y el sufrimiento. Somos vulnerables a las circunstancias del entorno.


Ira

“


La perversión es el estado de ira.” Nichiren.


En esta condición, el yo se centra en sí mismo. Sin reconocer a los otros seres humanos, obra exclusivamente en beneficio propio para la satisfacción de propósitos egoístas.


“La persona que está en el Reino de Ashura siente la urgencia irresistible de imponerse a todos los demás… Exhibe una benevolencia superficial, rectitud, buen comportamiento, sabiduría y fe; hasta puede mostrar una forma primitiva de integridad moral, pero por dentro es un monstruoso Ashura.” (Makka Chikan).


NOTAS:

  • Por razones de traducción, el cuarto estado ha sido traducido como IRA o ENOJO. Sin embargo, estos términos en nuestro idioma pueden ser asociados con otros: rabia, furia, entre otros.

  • Si lo asociamos con estos términos (al estado de Ira), podríamos pensar que existe la posibilidad de “enfoca positivamente la Ira”. Esto, desde el punto de vista de la teoría budista no es correcto, ya que la Ira (del estado de Ira), se caracteriza por basar todas nuestras acciones en la perversión, manipulación y el egoísmo. Al sentir rabia, furia o ira (sentimiento) hacia la injusticia, la maldad, etc., estamos experimentando otros estados de vida y no el estado de “Ashura”.



Cuatro Senderos del Mal

Encierran infelicidad, frustración y autoengaño.


NOTAS:

  • En el estado de Ira, el autoengaño existe porque pensamos estar haciendo lo correcto. El manipular a otros, el menospreciar a los demás, tienen “validez” en nuestra mente, que basa todos sus actos en el “pequeño ego” (egoísmo).



Humanidad (Tranquilidad)

Aunque se puede definir al hombre desde diversos puntos de vista, para el budismo es estado de Humanidad es un estado sereno, en el que el hombre está en paz, tanto consigo mismo como con el mundo.


En el mundo de nuestro tiempos, los Cuatro Senderos del Mal conducen a males tales como la guerra y al contaminación ambiental, pero el estado de Humanidad ofrece al yo la capacidad de alcanzar paz y prosperidad, disfrutando, al mismo tiempo, de una libertad personal y un individualismo considerables.



Exaltación (Éxtasis)

Cuando entramos en esta condición nos tornamos más livianos. Caminamos con pasos más ligeros y nos sentimos capaces de volar por los aires. Lo que experimentamos no es tanto el placer conciente como un profundo sentido de bienestar general; todo está bien en el mundo y nada puede perturbar nuestra condición.


NOTAS:

  • Se debe diferencias entre el placer que se obtiene al satisfacer una necesidad física de la sensación de victoria que se alcanza al lograr un objetivo o triunfo.

  • La satisfacción de nuestros deseos básicos (comida, sexo, supervivencia) nos ubican en el estado de animalidad, por disfrutar del placer de haber conseguido saciar nuestros deseos o necesidades.

  • El estado de Éxtasis se experimenta al alcanzar nuestra superación, o sentir que la alcanzamos, al lograr un propósito que sólo como humanos podemos lograr: mejora laboral, la pareja “ideal”, la relación “perfecta”, la solución de un problema, haber recibido grandes elogios; en fin, el resultado satisfactorio de nuestras metas y objetivos de vida.



Los Seis Estados Inferiores

En el budismo, los seis primeros de los Diez Estados del ser, se incluyen en el Mundo del Deseo. Esto equivale a decir que hay seis categorías fundamentales de deseo.


En la demología budista, en la cumbre misma del Mundo del Deseo impera el Demonio del Sexto cielo. No es ocioso que los demonios moradores del Sexto Cielo, gocen de la vida de la Exaltación suprema mediante el dominio y la utilización de los demás. En realidad, la fuente misma de esta Exaltación radica en dominar y utilizar a otros. […] el hecho es que hay un mal intrínseco en cualquier deseo.


NOTAS:

  • Sensei explica, que al haber saciado nuestro deseos o estar extasiados por nuestros logros, nuestra mente, nuestra vida, se vuelve débil y estamos propensos a caer nuevamente a Infierno cuando ese logro o esa victoria no resulta como esperábamos o nos es arrebatado aquello que nos brindó el Éxtasis.



Cuatro Estados Nobles

Existe un punto importante que distingue a los seis estados interiores de los cuatro estados nobles: los seres humanos, en las sendas inferiores, tienen como objetivo la satisfacción de sus deseos e impulsos. Su felicidad depende totalmente de la condición ambiental. Es sólo cuando una persona puede alcanzar uno de los estados nobles, que le es posible manifestar el poder necesario para dominar su fuerza vital de un modo positivo.


NOTAS:

  • Para experimentar uno de los cuatro estados nobles se debe hacer un esfuerzo conciente por responder de manera diferente a los estímulos del entorno. Los seis estados inferiores se caracterizan por no necesitar de ningún esfuerzo para experimentarlos, ya que sólo se responde de manera “automática” a los estímulos del entorno.



Aprendizaje

Bien puede ser que eruditos y estudiantes estén en mejor posición para ingresar al estado de Aprendizaje que otras personas, pero éste se encuentra abierto también para quien desee, humilde y sinceramente, comprender las experiencias y la sabiduría de otros. El factor que impide a tantos estudiosos ingresar en el estado de Aprendizaje es un indebido orgullo por los conocimiento superiores que posee. Son demasiados los que adquieren conocimientos para engrandecerse; cuando tal es el caso, el verdadero estado del yo no es el de Aprendizaje, sino el de Hambre. La persona que ha ingresado auténticamente al estado de Aprendizaje se interesa en cambio, por enriquecer su espíritu.


Absorción (Compresión)

L


a Comprensión es una especie de iluminación que se presenta súbitamente, relacionada con algún fenómeno observado o experimentado. El fenómeno puede ser cualquier cosa: el magnífico funcionamiento del universo, una flor que se abra en el campo, una estrella en el cielo, un pequeño artículo en el periódico, el hedor de un río contaminado, el olor del smog fotoquímico… En resumen, cualquier cosa que nos provoque un brusco entendimiento. […] es probable que casi todos los pioneros de la civilización la hayan experimentado.


Al estado de Comprensión se llega mediante la propia fuerza, gracias al estudio y al reflexión sobre la vida del ente cósmico. Cuando uno está preparado para recibir la verdad, ésta puede revelarse en el objeto o la experiencia más simples y comunes. Luego se extiende a toda la vida, permitiéndonos participar creativamente en la experiencia total.



Los Dos Vehículos

La felicidad de quien se encuentra en el estado de Aprendizaje proviene de descubrir cómo aplicar a la vida propia la verdad aprendida de los libros o de otras personas. En el estado de Comprensión es aun mayor, pues se la logra o se la crea por uno mismo, esencialmente. El grado de felicidad no depende tanto del esfuerzo puesto en la búsqueda como en el grado de pulimento y disciplina alcanzado por el ser.



En la Apertura de lo Ojos Nichiren Daishonin citaba párrafos de sutras que ubican a estos dos estados por debajo de los Tres Senderos del Mal.


Básicamente existen dos explicaciones. Una es que quienes llegan a estos altos estados tienden a infatuarse con la propia importancia. La otra radica en que estas personas aún no han superado el egoísmo. (LVE – pág. 152)


En el mejor de los casos, la meta de estas personas es el desarrollo de su propio carácter y el mejoramiento de la propia personalidad. En cierto sentido se puede disfrutar del éxito, pero la finalidad es esencialmente egoísta y la iluminación alcanzada no lo lleva a la verdadera fuente de la vida.


NOTAS:

  • El asunto no es dejar de aprender más, profesionalizarse, perfeccionarse. El asunto es que en nuestros corazones prevalezca el espíritu de contribuir de la mejor manera con nuestro conocimiento con los demás seres que nos rodean.


Bodisatva

B


odi = sabiduría del Buda. Satva = ser sensible. => Ser humano.


En el estado de Bodisatva, toda la vida se sustenta por la fuerza de la misericordia (compasión). Al decir “fuerza de la misericordia” me refiero a una potente energía que fluye de lo más hondo de la vida humana. Esto incluye inteligencia, bondad, sabiduría y varios deseos espirituales. El ser se encuentra en estado de Bodisatva cuando sus mejores cualidades (sabiduría, determinación, amor y coraje) se funden con la energía de la misericordia para hacer el bien a otros. El carácter del Bodisatva es totalmente altruista; la esencia de su misericordia consiste en liberar a otros del sufrimiento y otorgarles felicidad.



El Bodisatva se sumerge entre sus prójimos y trata de tomar sobre sí el sufrimiento y la tristeza de todos. Su misericordia es una fuerza activa y práctica. Tal es la diferencia esencial entre el Bodisatva y los sabios que no han superado los estados de Aprendizaje y Comprensión. El Bodisatva es capaz de pensar profundamente y goza de una penetración segura, pero eso va inseparablemente unido a la acción práctica. (LVE – pág. 157)


Al ayudar a otros, el Bodisatva se modifica a sí mismo, pues al hacer el bien suprime el egoísmo latente en él, permitiendo que la luz de su sabiduría interior ilumine la maligna oscuridad del mundo circundante.


L


a sabiduría del Buda es la sabiduría que el Bodisatva consigue al dedicar todos sus actos al beneficio de otros.[…] En el caso del Bodisatva, la lucha por ayudar a otros es, en sí, un ataque frontal al yo egoísta.


El modo en que las personas comunes pueden lograr la meta última del estado de Buda es cultivarse por medio de actos altruistas, con los que la energía de la misericordia brota de las fuentes íntimas de l vida. Uno debe reformarse por dentro y por fuera. La actuación constante en beneficio de los demás despertará la fuerza vital necesaria para lograr una vida plena y feliz



Bodisatvas de la Tierra

Son manifestaciones del Buda último, que brotan de la tierra para propagar la Ley Budista por todo el universo. Son quienes, en la vida cotidiana de este mundo, desafían las fuerzas del mal dedicándose de todo corazón a lograr el bien para los demás y provocando, al mismo tiempo, el flujo interior de la infinita energía de la misericordia.



Buda – Budeidad.

“El estado de Buda es el más difícil de demostrar. Pero si uno posee los otros nueve mundos, debe creer que también posee el de Buda.” Nichiren (LVE – pág. 161)


En el mundo actual, la persona en quien se expresa la naturaleza de Buda se presenta, a primera vista, como un hombre de sentido común. Es una persona bien integrada, con un fuerte sentido de la responsabilidad y una fe poderosa, amistoso con los otros y capaz de pensar con flexibilidad. Por sobre todo, es rico en misericordia, sabiduría y creatividad. (LVE – pág. 162)

El Budismo de Nichiren Daishonin enseña que el único modo de evocar el Buda inherente a todos los hombre es “creer”. Es decir, creer en la Ley Mística, que es, en sí, la fuerza vital cósmica (FE).


Posesión Mutua

L


a teoría de los Diez Mundos se puede utilizar para describir el estado de un ser humano en un momento dado, pero debemos tener en cuenta que esa condición cambia de modo permanente. Por lento que sea el fluir de la vida, no cesa nunca por completo. En consecuencia, el estado en que el ser existe puede cambiar, y de hecho cambia con frecuencia, de momento a momento.


Resumiendo: ninguno de los diez estados está aparte de los otros. Todos se funden en una sola entidad de vida, en acción perpetua, aun cuando sólo estén en la condición potencial de Ku. Cada uno de los estados contiene a todos los otros; en cualquier momento puede ser suplantado en el plano manifiesto por cualquiera de los otros. Teóricamente es posible que los Diez Estados se manifiesten en orden ascendente, desde el Infierno al estado de Buda, pero eso es cuestión de casualidad. La desdichada verdad es que son demasiados quienes sólo experimentan los Tres Senderos del Mal o los seis primeros estados, mientras que permanecen en total ignorancia con respecto a los estados de Bodisatva y buda.



La tendencia básica de una determinada personalidad no se limita a un estado. Muchas personas pasan por un ciclo de Infierno, Hambre, Animalidad y vuelven a empezar; otros se elevan por encima de estos para mundos hasta La Ira, la Humanidad y la Exaltación, sólo para volver a hundirse en el Infierno. Algunas almas, relativamente afortunadas, alternan más o menos entre el Aprendizaje y la Comprensión, a veces con el triste resultado de perder contacto con el mundo que los rodea.


Cuando un ser humano basa su vida en el ideal de Buda, puede hacer algo más que limitarse a soportar los sufrimientos. Las experiencias en los estados inferiores de la existencia se convierten en oportunidades para el desarrollo. El dolor y la pena se convierten en fuentes de simpatía y misericordia por los demás…


El sufrimiento humano presenta una naturaleza dual. Puede ser causa de angustia o incentivo para un mayor desarrollo. Si desesperamos ante él, estamos perdidos; pero si lo consideramos como oportunidad para desarrollarnos y mejorar, descubrimos que nuestra experiencia nos capacita para conducir mejor a otros hacia la felicidad. Cuando así obramos estamos manifestando el estado de Bodisatva.


Cuando alguien ha tomado el ideal de Buda como base de su vida y reconoce que los otros nueve estados están contenidos en él, cada uno de esos estados, desde el más bajo al más elevado, puede convertirse en impulso para la propia revolución humana. A la inversa, es imposible hacer del estado de Buda la base de la vida sin aceptar la enfurecida turbulencia de los otros nueve estados, pues son coexistentes. (LVE – pág. 178)


La relación tiempo subjetivo y objetivo

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asado en la explicación de Sensei en La Vida: Un Enigma. (NOTAS)


La concepción del tiempo varía según la condición de nuestra vida. El sufrimiento y la insatisfacción por no lograr nuestros deseos, hacen que nuestra concepción de tiempo se distorsione. Cuando sufrimos sentimos que el tiempo es interminable, cuando estamos felices pensamos que pasa muy rápido, cuando estamos absortos en un pensamiento no percibimos el paso del tiempo, etc.


En la condición de Buda, nuestra concepción de tiempo llega al punto de comprender que en un instante, el presente, se encierra el pasado y el futuro, asumiendo la totalidad del tiempo como “este momento”.



La relación espacio subjetivo y objetivo

Basado en la explicación de Sensei en La Vida: Un Enigma. (NOTAS)


El espacio vital que ocupamos varia según la condición de nuestra vida. Cuando estamos en infierno no ocupamos el mismo espacio (subjetivo) que cuando experimentamos la felicidad absoluta de la Budeidad. Esto se explica en detalle en muchos ejemplos que usa Sensei en La Vida: un Enigma, que en esencia transmiten la diferencia de nuestro espacio vital al transitar los diez estados de vida.


Mientras más baja es nuestra condición de vida (hacia Infierno), el espacio vital que ocupamos es menor, nuestra energía vital está cercada por el sufrimiento, la necesidad de satisfacer el deseo o por el convencimiento de que estamos obrando correctamente al usar a otros para nuestro beneficio.


Al ir experimentando una condición de vida basada en los cuatro estados nobles, nuestro espacio vital trasciende las fronteras del deseo y pasa a crecer cada vez más por la sensación de controlar nuestra mente, usando nuestra energía vital para nuestro desarrollo humano y el de otros.


La condición de Buda se caracteriza por no experimentar frontera alguna en cuanto al espacio vital se refiere. Nuestra vida es capaz de alcanzar una expansión que se manifiesta en la capacidad de desear lo mismo para otros.



Los Diez Factores de la vida

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ebemos tratar de comprender de qué modo una vida humana puede funcionar activamente en el mundo exterior, con el cual está inseparablemente relacionada. ¿Cómo puede influir sobre su medio, sin dejar de renovarse constantemente a sí misma? Como la clave para la respuesta a estas preguntas, quisiera pasar a la teoría de los Diez Factores de la Vida, que explica el modo en que se manifiestan los Diez Estados y se modulan sus movimientos.


Los Diez Factores ofrecen un modo de examinar y comprender cualquier condición momentánea de la vida en su forma verdadera y exacta, ya esté esa existencia en el Infierno, en Éxtasis o en otro cualquiera de los Diez Estados. Los Diez Factores aclaran los elementos que se combinan para hacernos cambiar de un Estado a otro.



Apariencia

“Apariencia es el cuerpo. […] ‘la apariencia se manifiesta exteriormente y se la puede aprecias con la vista’.” El primer factor, por lo tanto, es el aspecto físico y tangible de la vida.



Naturaleza

“La naturaleza inherente es la mente. […] ‘La naturaleza inherente es eterna e inalterable’.” […] Ya lo llamemos personalidad, individualidad o naturaleza, es el elemento invariable sin el cual una persona en particular no sería ella misma.



Entidad

“Entidad es la combinación de nuestro cuerpo y nuestra mente”; no quiere decir que resulte del mero agregado de los dos elementos, sino que es la función que los integra en una entidad. No puede existir separadamente de ellos, ni ellos sin entidad. La mente y el cuerpo están inextricablemente entretejidos dentro de la entidad. Esta es una de las grandes visiones del budismo.



Si los tres primeros de los Diez Factores comprenden los estados físico y espiritual de la vida, los seis siguientes, podríamos decir, comprenden los modos en los cuales opera la vida.


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OTAS:

  • Es importante comprender que esta relación que existe entre los tres primeros factores es inmutable e interdependiente. Para explicar esto de mejor manera, se aplican las tres verdades de Ke, Ku y Chu.

  • La Apariencia corresponde a Ke, “lo manifiesto”. Lo que se puede ver y sentir. En esta categoría se incluyen las ondas cerebrales y las características de nuestra personalidad que son percibidas por los demás; en resumen, todo lo que puede ser percibido por los sentidos.

  • La Naturaleza corresponde a Ku, corresponde a la esencia de nuestra vida, aquello que no puede ser percibido pero que sin embargo comprueba que somos seres vivos. Además, es aquello que nos mantiene siendo quienes somos diferenciándonos del resto, aún cuando aprendamos nuevas cosas a través del tiempo, aunque aparentemente cambiemos nuestras maneras, seguimos siendo los mismos.

  • La Entidad corresponde Chu, o Camino Medio, es lo une a ambas realidades (Ke y Ku) haciéndolas inseparables. Usando el ejemplo de una moneda o una hoja de papel, una cara representa Ke, la otra cara Ku, y tanto la moneda como la hoja de papel en su totalidad es Chu.


Poder

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a fuerza interior inherente a la vida es el poder que posee una vida consistente en apariencia, naturaleza inherente y entidad. El poder es energía potencial y se lo puede dirigir hacia lo quenos rodea; en resumen, es la fuerza motivadora en la vida de una persona.



Influencia

La influencia es […] la manifestación concreta o al influencia visible del poder, con el cual está inseparablemente ligado.


Los cuatro factores siguientes se relacionan con la causalidad, tanto latente como manifiesta.


PODER – INFLUENCIA = Conceptos espaciales / CAUSALIDAD = Concepto del tiempo.



Causa Interna

“La causa inherente es la mente. […] ‘Causan inherente es lo que da origen al efecto latente. También se la llama Karma’.”


[…] la causa inherente y el efecto latente existen simultáneamente en el centro mismo de la vida humana, en el estado potencial de Ku.



Causa Externa

Es la condición ambiental que activa la causa inherente.



Efecto Latente

Creo poder decir que la causa inherente es la tendencia que se ha acumulado dentro de nosotros hasta el momento actual, y el efecto latente es la dirección futura de nuestra vida en este mismo instante.



Efecto Manifiesto

“El efecto manifiesto, bueno o malo, es una respuesta visible a la causa inherente y al efecto latente.”



Coherencia de principio a fin

Estos nueve primeros Factores son herramientas analíticas que utilizamos para examinar el funcionamiento de la vida y las leyes que gobiernan este funcionamiento de momento a momento. Queda por sintetizar los elementos para formar un todo que tenga significado, y es aquí donde entra en el juego el último de los Diez Factores: la coherencia desde principio al fin. Sobre esto se dice: “La apariencia es el principio y el efecto manifiesto es el final. La coherencia desde el principio al fin es la totalidad de los factores”.


Funcionamiento de los Diez Factores (NOTAS)

C


ada uno de nosotros manifiesta los Diez Factores a cada instante variando su manifestación según el Estado en que nos encontremos. De hecho, la Coherencia de principio al fin es lo que garantiza que, según nuestra condición de vida, los Diez Factores funciones en su totalidad coherentemente con el Estado de vida que estemos experimentando. De esta manera, podemos explicarlo así:



  1. Todos tenemos una “Causa Interna”, que es creada por cada causa (acción, palabra y pensamiento) que realizamos a cada instante.

  2. Cada una de esas causas crea instantáneamente un “Efecto Latente”, a la espera de ser “activado”.

  3. Esa “activación” ocurre cuando es contactada por una “Causa Externa”, que puede ser una persona, un lugar o cualquier cosa.

  4. Esta causa externa ocasiona que el efecto latente pase a ser manifiesto.


El estado de vida en que nos encontremos hará que nuestra reacción ante el efecto manifiesto sea de una u otra manera. Si nos encontramos en uno de los Seis Caminos o Seis Estados Interiores, nuestra reacción será no dependerá de nuestra voluntad, por el contrario será instintiva o dependiente del estímulo externo. Si nos encontramos en uno de los cuatro mundos nobles, la reflexión y el análisis que son ocasionados por el “control” que ejercemos sobre nuestra mente, producirá una reacción menos dependiente y será más conciente. Según como reaccionemos frente a este efecto manifiesto, cambiaremos una causa interna o por el contrario reforzaremos una tendencia.



Este es el orden en que se presentan los factores en nuestra vida, sin embargo no es el orden de su “creación”. Para este análisis se considera lo siguiente:



  1. La Causa Interna es quien crea el Efecto Latente. Aunque esto sucede simultáneamente, no puede existir un efecto sin una causa que lo cree. Por esto, consideramos la Causa Interna como la creadora del Efecto Latente.

  2. Al crearse un Efecto Latente, ya está creada igualmente la forma en que se hará manifiesto, sus características ya están definidas, sólo que en estado latente. De esta manera, la Causa Interna ha creado el Efecto Manifiesto.

  3. Por último, ya que el Efecto Latente está a la espera de una causa externa “ideal” y específica para su manifestación, también podemos establecer que es la Causa Interna la responsable de esta creación.


De esta manera, debemos reconocer la importancia de enfocar toda nuestra energía en la fuente de toda esta relación: la Causa Interna. Queda a nuestra responsabilidad el aprovechamiento total de esta sentencia, que nos estimula a transformar nuestra Causa Interna creando una tendencia de vida basada en el estado de Buda, que nos permita generar Efectos Latentes positivos, a la espera de Causas Externas positivas, que den como resultado Efectos Manifiestos a los cuales reaccionemos con el desarrollo humano que tanto deseamos para nuestras vidas.


Al entonar Daimoku frente al Gojonzon estamos alimentado nuestra Causa Interna con la esencia de la energía universal. Igualmente, el actuar basados en la auténtica misericordia estamos en el camino de la creación de una tendencia kármica basada en el estado de Buda; al realizar nuestras actividades por el desarrollo del Kosen-rufu de nuestro país, estamos ocasionando la verdadera transformación de nuestra Causa Interna. Lo que resta, es tener FE en que estas acciones ya han creado los efectos latentes y en consecuencia los efectos manifiestos que deseamos, al igual que hemos establecido las condiciones externas necesarias para su manifestación.

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res Principios de Individualidad

Tres Ámbitos de la Existencia

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odas las formas de vida se parecen en cuanto son inherentemente comprensibles en los términos de los Cien Estados (10 x 10) y sus Mil Factores (100 x 10). Sin embargo, todas las cosas son diferentes, pues es posible discriminar entre cualquier vida del universo y todas las otras. La base para discriminar cada entidad individual del resto es lo que llamo “principio de individualidad”.



Ámbito del Ser – Los Cinco Agregados

Estrictamente hablando, todos los cuerpos humanos se diferencia entre sí y, puesto que el elemento físico y el espiritual son inseparables, todos los espíritus humanos se diferencia entre sí de igual modo.



Forma

[…] podemos decir que la forma significa la ley física de la vida, la materia y toda la composición física de los vivo. Los otros cuatro pertenecen a la ley espiritual de la vida. Puesto que la física y la espiritual son inseparables, la forma es el prerrequisito para los otros cuatro agregados, y viceversa. La conciencia, que incluye discriminación y sabiduría, es el punto de partida de la percepción, la concepción y el juicio; al mismo tiempo, es la fuerza integradora que las liga entre sí. Para expresarlo simplemente, todas las actividades mentales se centran en la conciencia.



Percepción

La percepción es la recepción de algo en la mente.



Concepción

Formarse una imagen mental. Esta imagen puede ser el reflejo exacto de algo exterior o requerir el empleo de los poderes imaginativos, que van más allá del tiempo y el espacio, hasta el universo mismo. Puede estar influenciada por recuerdos del pasado o ideales para el futuro.



Volición

Esta requiere, no sólo aceptar o rechazar lo que ha sido percibido, sino decidir cómo actuar al respecto. El dilema es si adoptar un enfoque activo o pasivo de lo que se ha percibido.



Conciencia

Al decir que conciencia significa “discernimiento”, creo que Nagarjuna identificaba la conciencia con la capacidad de estudiar algo, definirlo y captar su significado. La conciencia incluye las impresiones inconcientes y subconscientes; es, en realidad la totalidad de las actividades mentales y espirituales… La capacidad que permite a la mente percibir un objeto comienza con la conciencia.


La energía del cuerpo y el funcionamiento de la mente se relacionan inseparablemente. Nuestra energía vital, que es la manifestación de nuestra vida misma, se convierte en volición dentro de la mente, y el resultado es un surgimiento de energía física, que es el agregado de la forma.


Mediante la función de los Cinco Agregados se torna posible una infinita variedad de actividades mentales y físicas. Su funcionamiento puede llenar la vida de dolor y tristeza o hacer que la misericordia y la sabiduría se tornen manifiestas.


“… Si todos estos se encuentran presentes en las personas que basan su vida en cualquiera de los mundos, excluido el estado de Buda, oscurecerán la misericordiosa Ley Verdadera de la vida. Sus acciones forman causas que, a su tiempo, se convertirán en una acumulación de muchos tipos de sufrimiento. Sin embargo, si uno basa la propia vida en el estado de Buda, acumulará la verdadera felicidad, porque estará lleno de misericordia.”



Ámbito de los Seres Sensibles

El Mundo de los Cinco Agregados guarda una íntima relación con lo que se conoce, en el budismo, como el Mundo de los Seres Sensibles. Esto suena más difícil de lo que es en realidad, pues se refiere, simplemente, a un mundo en el cual cada ser viviente es considerado como distinto a todos los otros seres vivos. Después de todo, así es el mundo, pues, como ya señalé, no hay dos seres individuales exactamente iguales en el sentido físico y, en consecuencia, en el sentido mental. (LVE – pág. 201-202)


Ser sensible = fusión momentánea de los Cinco Agregados.



Ámbito del Ambiente

Cada vida es individual y, como se manifiesta en este mundo, la existencia única que forma moldea simultáneamente un ambiente que pueda resultarle compatible. Para comprender la verdad de esta afirmación bastará con estudiar el ambiente de una persona en especial: en todo lo que la rodea veremos claramente las inclinaciones y características de su vida. Si tratamos de imaginar a un ser humano sin un ambiente, sólo estaremos hablando de un ser mítico.


…Un ambiente, reflejo de la vida interior de sus habitantes, siempre toma las características de quienes viven en él. Más aún puesto que la Tierra es una forma de vida, los Diez Factores y la teoría de la Posesión Mutua de los Diez Estados es aplicable a todos y cada uno de los ambientes.



Ichinen Sanzen

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l principio revelado en Ichinen Sanzen requiere de los más altos ideales, la mayor decisión y un esfuerzo constante. Entonces podrán, quienes comprenden este principio, influir sobre todo tipo de personas, además de cambiar su ambiente. Los hombre de fe, integrados con la Ley Mística, se esfuerzan por vivir según ella manda; ellos desean iniciar la reacción en cadena que lleve a la creación de la Tierra eterna e iluminada, un mundo donde todos puedan desarrollar su propio Buda.



Ichinen Sanzen desde el punto de vista de Nichiren Daishonin

Nichiren Daishonin inscribió el Gojonzon para que nosotros podamos manifestar el estado de Buda. No importa cuál sea nuestra circunstancia, podemos expandir nuestra condición de vida y sobrepasar las cosas que nos causan sufrimiento. Cuando nuestra perspectiva cambia todo cambia. Nichiren Daishonin hizo su vida una con Nam Miojo Rengue Kio en el Gojonzon; esta es la corporificación de los tres mil estados en un instante de vida. Cuando nosotros abrazamos al Gojonzon y hacemos esfuerzos por el Kosen-rufu, entonces la naturaleza de Buda en nuestras vidas se manifiesta.



Presidente Ikeda explica que este principio de Ichinen Sanzen significa que nosotros debemos tomar la responsabilidad de nuestras vidas: “Este es el principio fundamental que muestra que cuando nosotros cambiamos el mundo cambia. Este es el principio que nos lleva al concepto de ‘revolución humana’ y ‘establecimiento de la correcta enseñanza para la pacificación de la tierra’. Todo depende de nosotros. Nosotros no podemos culpar a los demás. Todo retorna a nosotros, no es asunto de los demás. Si no entendemos esto, no nos estamos basando en la Ley Mística”.



¿Cómo podemos estar seguros que esto no se queda en la teoría? Comienza con nuestra vida diaria orando al Gojonzon. Como dice el presidente Ikeda:


“Uno tiene que enfocar los pensamientos y la energía en las tareas que tiene que cumplir. En ese caso, la oración tiene rumbo, y mediante el principio de los tres mil estados presentes en cada instante de la vida, el universo entero se mueve en dirección a nuestro éxito. Es importantísimo hacer del Kosen-rufu nuestra meta principal. Fijemos la atención en nuestros amigos y compañeros de fe. Oremos de todo corazón por el Kosen-rufu, por la prosperidad de la SGI y por la felicidad de todas las personas. Y entonces, actuemos. Esto significa ser un verdadero “defensor del Kosen-rufu.”

Daisaku Ikeda



Cuando oramos de esta manera, determinados a trabajar con nuestros compañeros miembros para crear y mundo pacífico y creativo, entonces la vida del buda se manifiesta y fluye en nuestras vidas y de esta manera hacemos realidad el principio de la posesión mutua de los diez mundos y de los tres mil estados en un instante de vida. Transformaremos nuestra falta de energía en visión, esperanza y acción, y estaremos llenos de este potencial y cambiaremos nuestro mundo.